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VICENTE BLASCO IBÁÑEZ

ENTRE NARANJOS

—NOVELA—

15.000

F. Sempere y C.a, Editores
CALLE DE ISABEL LA CATÓLICA, 5
VALENCIA
1904

PRIMERA PARTE

———

I

—Los amigos te esperan en el casino. Sólo te han visto un momento estamañana: querrán oírte; que les cuentes algo de Madrid.

Y doña Bernarda fijaba en el joven diputado una mirada profunda yescudriñadora de madre severa que recordaba a Rafael sus inquietudes dela niñez.

—¿Vas directamente al Casino?...—añadió.—Ahora mismo irá Andrés.

Saludó Rafael a su madre y a don Andrés, que aún quedaban a la mesasaboreando el café, y salió del comedor.

Al verse en la ancha escalera de mármol rojo, envuelto en el silencio deaquel caserón vetusto y señorial, experimentó el bienestar voluptuosodel que entra en un baño tras un penoso viaje.

Después de su llegada, del ruidoso recibimiento en la estación, de losvítores y música hasta ensordecer, apretones de manos aquí, empellonesallá, y una continua presión de más de mil cuerpos que se arremolinabanen las calles de Alcira para verle de cerca, era el primer momento enque se contemplaba solo, dueño de sí mismo, pudiendo andar o detenerse avoluntad, sin precisión de sonreír automáticamente y de acoger concariñosas demostraciones a gentes cuyas caras apenas reconocía.

¿Qué bien respiraba descendiendo por la silenciosa escalera, resonantecon el eco de sus pasos! ¡Qué grande y hermoso le parecía el patio consus cajones pintados de verde, en los que crecían los plátanos de anchasy lustrosas hojas! Allí habían pasado los mejores años de su niñez. Loschicuelos que entonces le espiaban desde el gran portalón, esperando unaoportunidad para jugar con el hijo del poderoso don Ramón Brull, eranlos mismos que dos horas antes marchaban agitando sus fuertes brazos dehortelanos, desde la estación a la casa, dando vivas al diputado, alilustre hijo de Alcira.

Este contraste entre el pasado y el presente halagaba su amor propio,aunque allá en el fondo del pensamiento le escarabajease la sospecha deque en la preparación del recibimiento habían entrado por mucho lasambiciones de su madre y la fidelidad de don Andrés con todos los amigosunidos a la grandeza de los Brull, caciques y señores del distrito.

Dominado por los recuerdos, al verse de nuevo en su casa, después dealgunos meses de estancia en Madrid, permaneció un bue

...

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