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Si creyera que el publicar un escritor sus obras completas implica faltade modestia, no reimprimiría las mías. Lo hago porque están casi todasagotadas; pensando que es deber de padre no consentir que mueran sushijos, aunque no sean tan buenos ni tan hermosos como él quisoengendrarlos; y también porque considero que el hombre tiene derecho adespedirse de la juventud recordando lo que durante ella hizohonradamente y con amor.
Otra disculpa pienso que atenúa mi atrevimiento. Porque ser partidariodel arte por el arte, y yo lo soy muy convencido, no puede amenguar niestorbar, aun cultivando esta que se llama amena literatura, elentusiasmo por ideas de distinta índole; las cuales unas vecesveladamente se transparentan y otras ostensiblemente se muestran en lalabor de cada uno; pues no es posible, y menos en nuestra época, que elliterato y el artista sientan y piensen ajenos al ambiente que respiran.Quien carece de fuerzas para conquistar la costosa gloria de adelantarsea su tiempo, tenga la persistente virtud de servirle: así lo hepretendido; mas él ha caminado tan deprisa, que hoy acaso parezcamostímidos los que ayer fuimos osados. De éstos quise ser: de los que alestudiar lo pasado y observar lo presente procuran preparar lo porveniry se esperanzan con ello. Por eso rindo tributo de constancia y firmezaa las ideas de mi juventud, algunas hoy tan combatidas, reuniendo estospobres libros, sin que me arredre el recuerdo de cómo unos fueroncensurados, ni espere que retoñe la benevolencia con que otros fueronalabados. Discurro al igual de aquel gran prosista que decía: «No estemor, como no es vanidad».
Bien quisiera, lector, que pensáramos a dúo y que mi conciencia hallasesiempre eco en la tuya: si por torpe desespero de lograrlo, por sincerocreo merecerlo.
No busques en mis cuentos y novelas lección ni enseñanza: quédese eladoctrinar para el docto, como el moralizar para el virtuoso: sólotienes que agradecerme el empeño que puse en divertir y acortar tushoras de aburrimiento y tristeza.
Sea cual fuere tu fallo, hazme la justicia de reconocer dos cosas: laprimera, que he procurado entender y practicar el arte literario conaquel criterio y temperamento español más atento a reflejar lo naturalque a dar lo imaginado por sucedi